jueves, 28 de septiembre de 2017

Mojito Hotel



      Tío, fue uno de esos veranos tan calurosos que el reguero del sudor de los huevos te llega hasta las rodillas, ya sabes de que te hablo, y yo estaba en aquel maldito hotel con toda la jodida familia, era verano tío, eran mis putas vacaciones y a la zorra de mi mujer no se le ocurrió otra cosa que fuéramos a aquel maldito pueblo costero a pasar un par de semanas en la playa ¿puedes creértelo, tío? yo sólo quería tirarme en el sofá con un par de buenas birras congeladas y ver el maldito partido de fútbol, un Espanyol-Barça ¿sabes lo que es eso? y no me vengas con esas gilipolleces de que no te gusta el fútbol ¿a qué coño de hombre no le gusta el fútbol? ¿o es que eres un maricón de mierda?. Bueno, la cuestión es que sin darme cuenta me encontré en una de aquellas jodidas habitaciones de hotel barato con mi mujer, los jodidos niños y hasta con mi puta suegra, joder tío, quería morirme, que si vamos de paseo, que si los niños se aburren, que si a mi madre le apetece tomar algo, que si hay mucha gente en la playa, que si los guiris son unos mal educados, ¡pues claro que los putos guiris son unos mal educados! por eso son guiris ¿o qué coño se pensaba esa puta zorra? 

   Era el puto infierno, yo debería estar haciendo la ruta de los bares en mi barrio y no soportando a la imbécil de mi mujer, ya me había casado con ella hacía quince años y le había hecho un par de bombos de donde salieron esos dos niños con la misma cara de retrasados que ella ¿qué más quería? Así que una noche no pude más y me bajé al maldito bar del hotel, ella quería que bajáramos todos, será divertido, me dijo, habrá música y podemos invitar a un granizado a mi madre y a los niños, la muy zorra insistía e insistía una y otra vez y su maldita voz se me clavaba como un alfiler en el puto culo, así que no me quedó más remedio que meterla en el puto lavabo y soltarle un guantazo para que se callara, ¿pero qué coño se había creído? tú ya sabes cual es el sitio de una mujer decente ¿verdad amigo? y no es en el bar de un hotelucho de mala muerte, en eso estaremos los dos de acuerdo ¿no?

   La cuestión es que allí me encontraba, en aquel jodido bar, con un escándalo de cojones, un grupo de mierda que sólo sabía tocar música pachanguera y un montón de viejos intentando bailar penosamente. ¡joder! que espectáculo tío, esos putos viejos se pegaban a sus mujeres como si fueran a morir mañana, y si ellas no tuvieran ya el coño seco, estoy seguro de que irían dejando un charco de flujo vaginal a su paso de lo cachondas que estaban. Sí tío, el infierno, el puto y maldito infierno. Al segundo mojito no tuve más remedio que acercarme a aquel chaval con granos en la cara que se creía camarero, agarrarlo del cuello de aquella estúpida camisa y decirle que sí no sabía preparar un puto mojito en condiciones sería mejor que se dedicara a fregar el váter y le dejase el puesto a un camarero de verdad o no me quedaría más remedio que quejarme a su jefe después de arrastrar su patética cara de niñato pajillero por el suelo de toda la pista ¿y sabes una cosa? el chaval resultó no ser tan capullo y empezó a cargarme de ron los mojitos como Dios manda, sí, aquella botella de ron parecía no tener fondo y el chaval me guiñaba el ojo cada vez que me servía uno, quizá fuera maricón ¿quién sabe? pero al cuarto o quinto de esos mojitos la cosa empezó a mejorar bastante, los dos pavos que formaban la banda empezaron a tocar buenos temas, ya sabes tío, Bob Marley, Los Rolling, alguna de Rainbow... buena música y no toda aquella mierda de Shakira, Enrique Iglesias y Ricky Martin que habían estado tocando hasta entonces, porque seamos sinceros, estaba hasta la puta polla de escuchar el Despacito de los cojones. Me metí en la pista de baile y empecé a darlo todo, ¿te lo imaginas, tío? unos cinco o seis mojitos en mi cuerpo y toda aquella música bombeando en mis sienes, y es que aquellos dos malditos tipos eran buenos de cojones, no veas como tocaban los muy cabrones y como me movía yo. A los pocos minutos todas las viejas querían bailar conmigo, era el puto amo, yo me movía a mi puta bola mientras todas aquellas viejas se restregaban conmigo mientras sus maridos nos miraban con cara de amargados desde cualquier rincón del bar tomándose sus jodidos Bitter Kas, y como te puedes imaginar yo estaba puestísimo tío, tanto, que incluso me llegué a plantear subir a la habitación y darle un buen meneo a mi suegra después de terminar con mi mujer, pero entonces apareció ella, ¡no veas tío! menudo pibón, no hablaba ni zorra de español, pero no veas que pedazo de hembra, rubia, con el pelo largo, una camiseta cortada por la parte de abajo para que se le viera el ombligo y por la parte de arriba para que se le vieran todo lo posible las tetas ¡y vaya par de tetas! y unos shorts tan ajustados y cortitos que resultaba imposible no desear que se hubiera olvidado de ponerse las bragas. Así que me acerqué sin dudarlo a ese pedazo de monumento, que ya iba un poco puesta, y empecé a bailar con ella, tío tío tío, no veas como se movía la muy zorra, no hacía más que restregarme aquellas tetas por la cara y hablarme en inglés, francés, alemán o vete tú a saber que coño de mierda de idioma hablaba la muy puta, la cuestión es que después de unos cuantos mojitos más, los cuales compartí generosamente con ella, la tía tenía ganas de marcha y como en la pista de baile las viejas nos miraban con recelo -supongo que porque algunas de ellas se habían hecho ilusiones de acabar con este rabo bien metidito entre sus piernas-, y sus maridos lo hacían con cara de odio -y no puedo reprochárselo, porque después de haber estado frotando con mi polla a sus mujeres, estas habían resultado ser como una lámpara mágica y habían hecho aparecer a esta espectacular genio que pensaba encular antes de que terminara la noche-, y el grupo empezaba a estar cansado dando indicios de que la cosa estaba por terminar, pedí un par de mojitos más a aquel pobre chaval que resultó ser un ángel y nos fuimos a su habitación a estar un poco tranquilitos. Pero la muy puta no pudo aguantar tanto, y una vez dentro del ascensor dejó caer su baso contra el suelo, se arrodilló delante de mí y antes de que yo pudiera pestañear ya tenía mi polla dentro de su boca, y la verdad es que mi polla debía saber igual que los mojitos, porque aquella cabrona la mamaba como si no hubiera un mañana. Cuando el ascensor se paró, se levantó, me agarró de la polla y me arrastró por el pasillo hasta su habitación, por el camino también cayó mi último mojito, pero sabes una cosa, tío, no me importó, tenía combustible suficiente como para darle durante el resto de la noche lo que estaba buscando.

   ¡Joder tío! no te lo puedes ni imaginar, aquella tía no tenía límites, uffff, nada más entrar y cerrar la puerta se quitó aquella ridícula camiseta y deslizó los shorts por sus largas y depiladas piernas, me di cuenta de que no llevaba zapatos, estaba completamente descalza y con lo pies negros de mugre, pero que más daba, aquella zorra se abalanzó sobre mí metiéndome su lengua en mi boca mientras yo le deslicé una de mis manos por su cadera hasta llegar a sus bragas, ¿y sabes lo que hice, tío? le arranqué las bragas, sí tío, le arranqué de un tirón aquellas malditas bragas ¿sabes cuanto tiempo hacía que no arrancaba unas bragas? aquello me puso cachondísimo, tío, así que de un empujón la tiré contra el sofá y la muy gilipollas se quedó allí espatarrada, con su coñito bien abierto entre las piernas esperándome... y qué coñito tío, nada de esos coños depilados sin un puto pelo ni de esas mierdas de "brasileñas" que parecen que las tías tengan entre las piernas el bigote de Hitler, no tío, aquella periquita tenía una buena mata de pelo entre las piernas, si señor, porque un coño debe tener una buena mata de pelo y oler a lo que debe oler, ¡a coño! y te puedo asegurar, tío, que aquel coño olía a coño del bueno, así que me tiré sobre ella y le di de lo lindo, sí tío, boca arriba, boca abajo, a cuatro patas, sobre la mesa, en el suelo... y aquella mata de pelo se enredaba entre los pelos de mi polla como si fueran tentáculos que no querían dejar sacar mi polla de allí dentro, así que tuve que seguir dándole, sí tío, imagínatelo, le di en la cama, en el balcón, dentro del armario... incluso cuando ya habíamos terminado y me estaba duchando la muy golfa se metió conmigo toda mimosa bajo del agua y pude entrar un par de veces seguidas por la puerta trasera mientras estiraba el brazo y entrelazaba mis dedos entre aquella preciosa mata de pelo ¿y sabes lo mejor, tío? pues lo mejor de todo es qué resultó que la habitación de aquella zorra estaba a sólo dos puertas de la mía, tío ¿te puedes imaginar lo que es eso, chavalín? todas las jodidas noches deberían acabar así, te lo juro, beberte un buen montón de mojitos bien cargados, disfrutar de un rato de buena música, follarte a una periquita con una buena mata de pelo entre las piernas, darte una buena ducha y poder volver en calzoncillos a tu casa, joder tío, firmaría donde hiciera falta.

   La cuestión es que al año y poco la muy zorra se presentó ante la puerta de mi casa con un niño de unos cuantos meses y con cara de mongolo bajo del brazo diciendo que era mío ¿te lo puedes creer, tío? esa maldita furcia había estado estudiando español durante los meses de embarazo sólo para aprender a decir que aquella maldita noche la había dejado preñada, hay que joderse, ¿acaso el problema era mío? Era ella la que se había abierto de piernas a la mínima de cambio, que se lo hubiera pensado dos veces antes de ir por ahí haciéndose la guarra, además ¿como sabía yo que aquel jodido mongolo era mío? vale, es cierto que aquella noche le di una buena dosis de mi leche condensada, pero vete a saber a cuantos más se había tirado aquella furcia el verano pasado. La cosa es que yo no estaba dispuesto a reconocer a aquel maldito niño como mío, ya tenía dos niños con cara de retrasados mentales con mi maldita mujer ¿para qué coño iba a querer tener un bastardo, acaso se había pensado aquella puta que yo era Ned Stark? Así que la muy mamona empezó a gritar, y mi mujer salió y también empezó a gritar y mi maldita suegra también salió y se unió a los gritos y los vecinos comenzaron a aparecer en el rellano y todos gritaban y me insultaban y los niños lloraban y un terrible retorcijón se apoderó de mis tripas y yo sólo quería poder ir a echar una buena cagada pero aquella zorra no dejaba que me fuera y así que no me quedó más remedio que agarrarla por el pelo y estampar su jodida cabeza contra el marco de la puerta con todas mis fuerzas... Sí, tío, volví a darle de lo lindo a aquella zorra una vez más... y otra... y otra... y otra... 

   Pero bueno chaval, deja de llorar que no es para tanto, sólo tienes mi polla en tu culo y créeme, agradece que soy yo porque los otros no acostumbran a ser tan cariñosos y por aquí no suele llegar mucha carne fresca donde poder elegir, así que sé buen chico y mientras te termino anda, cuéntame ¿por qué te han encerrado a ti, pimpollo?