miércoles, 3 de junio de 2015

En conserva


y al final todo termina igual,
como esa masturbación que no acaba 

como habíamos imaginado,
doy paso a días que dan paso a más días en una continua sucesión de noches seguidas 

de más noches,
la rutina se revuelve inquieta en cada suspiro,
en cada pequeña muerte de algún 

sentimiento que se me olvidó
alimentar como a los peces de colores de mi niñez,
y hermosos se pudren flotando de costado
en una pecera de agua turbia,
sin esperanzas para seguir mañana ni tazas de café
para alimentar el insomnio de las dudas que zalameras lamen el lóbulo de mi oreja en cada porción de soledad gastada por los labios 

que pronunciaron mi nombre sin gritarlo al viento,
y en unas horas despierto, y vuelvo a ser yo, simplemente,
sin colorantes añadidos ni conservantes que me mantengan en estado de perpetua inmadurez,
pero de nada sirve regar mis pies clavados al suelo
si nunca consigo dar la sombra suficiente.