sábado, 20 de junio de 2015

Piel curtida


intento no robarle horas al sueño
en este absurdo delirio
de ser poeta,
olvido el sabor
de los pensamientos suicidas
pegados al paladar oxidado,
sigo con la mirada 
el ritmo pausado
de los pasos de la muerte,
juego conmigo mismo
sabiendo que también yo
voy a perder la partida,
el castillo de los latidos
se desmorona
en este corazón de mierda,
un instante,
y mi piel se vuelve cuero,
mis manos se agrietean
escribiendo poemas
uno detrás de otro,
vuelvo a sentirme vivo,
a notar que estás lejos,
a olvidarme de la cena
por tener este gastado bolígrafo en la mano,
a sufrir por escribir,
por no hacerlo,
por ni siquiera intentarlo,
o por hacerlo demasiado.