lunes, 6 de julio de 2015

No lo noto




no noto a Dios,
no siento su existencia,
no veo su obra por ninguna parte,
pero si que noto
a la muerte,
escucho sus pasos
en este sucio callejón de vida,
puede que Dios haya muerto
y solo quede ella
escondida entre mis sábanas,
empujando mi cadera
en cada penetración 
de noche de sexo,
ahora mismo su aliento
humedece el papel que escribo,
tropiezo con ella
en cada giro inesperado,
me acompaña a tirar la basura
e inspiramos juntos los vapores
de putrefacción,
me pregunto si Dios notará
a la muerte riéndose 
de su eyaculación precoz,
pero a él no lo noto,
solo noto
a la maldita muerte.