martes, 8 de septiembre de 2015

El odio


los odio,
sé que fui como ellos,
intentando conquistar
el mundo con erecciones
y alcohol en vena,
pero ahora 
sencillamente los odio, 
a ellos,
y a sus falos erectos reprochando
mi disfunción eréctil,
odio sus orgasmos
ante mis corridas eyaculadas precozmente,
a sus cuerpos firmes
frente a mi flacidez irreversible, 
odio su despreocupación desmesurada
riéndose a carcajadas
de mi intolerancia a no pensar...
es lo mejor de envejecer,
poder odiar a todo el mundo
(incluso a ti mismo)
sin que a nadie le importe
una mierda.