jueves, 15 de octubre de 2015

Entre las piernas


tenía la voz ronca
y el pecho pequeño,
pero una bonita vagina
entre sus piernas cruzadas,
demasiado joven para entender
de sexo sucio
y eyaculaciones en la boca,
o a lo mejor
demasiado experimentada
cómo para poder darme
un par de buenas lecciones,
porque su cuerpo sólo era
una coraza de carne rosada
y pezones de aspecto
de un grumo de cacao soluble
flotando en leche,
retorciéndose incómodo
ante mi depredadora mirada;
mientras tanto,
en el interior de mis zapatillas
los pies me escocían
al mismo tiempo 
que mi desayuno
perdía su buen aspecto
en dirección a mi colon;
no me quedó más remedio
que buscar el baño
más cercano.