sábado, 24 de octubre de 2015

olfateando a Dios


todo tiene cierto olor 
a fracaso,
olor a embrague quemado
en cualquier carretera hacia el infierno
o a semen derramado
en sábanas ajenas;
olor a cuerpos macerados 
después de un día de trabajo,
a bocas secas
con salivas pastosas;
olor a besos sin sabores
y estación de tren
solo de pasada;
demasiados olores,
todo es asqueroso,
como el olor a polvo barato
de una sola noche
o el olor a decepción
en un intento fallido de autolisis;
es insoportable,
olor agrio
de padres odiando las voces
de sus hijos malcriados,
olor a vidas
que solo llegaron a ser
vidas que no llegaron a nada;
me pregunto si a Dios
le repugna tanto como a mí
el olor de su obra.