domingo, 10 de enero de 2016

Pateando el barrio


las aceras son las mismas
que pateaba de chaval llevando
la miseria a todas partes,
el barrio no cambia,
algún que otro edificio nuevo,
algún que otro semáforo donde
solo había
un mísero paso de cebra,
quizás comercios más modernos
y menos barrizales,
pero las mismas vidas asfixiadas
encerradas en sus casas,
las personas de siempre
con sus humildes frustraciones
y sus familias tradicionales
que de generación en generación
han conservado la gloriosa costumbre
de mantener la marginalidad a la orden del día;

el barrio no cambia

tan solo envejece,
como una vagina secándose con el tiempo
o un escroto agrietado a la intemperie;

envejece,

como tú,
como yo.