jueves, 18 de febrero de 2016

Estado de sapo


todavía tengo el sabor
a pólvora en la boca
del último disparo
que me diste;

no te fiabas de mí,
siempre aprieto el gatillo
con esa torpeza masculina
de desabrochar sujetadores,
adquiriendo las balas cierto 
complejo de ibuprofeno
intentando calmar mi malestar;

no hay medicamento, 
farmacia, armería o
camello "esquinero"
que venda algo efectivo
para esta sustancia alquitranada
que se engancha
de persona en persona
sin ni siquiera tocarse;

y a mis cuarenta,
me encuentro
esperando un último desafío
pasando
de princesa en princesa
con la incertidumbre
de si alguna me sacará
de este estado de sapo
rozando su barriga contra la mía,
pero cada gota de sudor
empleada en sexo
tiñe mi piel
de un tono más verdoso
(croar es tan fácil);

siempre me quedará el cine,
donde la chica guapa
se enamora del protagonista
mientras una pobre rana
intenta cruzar la autopista
con la única esperanza
de que no la chafe ningún coche.