martes, 9 de febrero de 2016

Royendo pan duro


lee la biblia en el asiento
de al lado,
una vieja edición
con casi todos los pasajes
marcados con rotulador fluorescente
y una castigada funda
donde poder guardarla
cerrando una cremallera;
yo estoy demasiado cansado
como para concentrarme
en el libro de Bukowski
que maltrato entre mis manos,
y ella,
indiferente,
roe un trozo de pan duro
sin ni si quiera mirarnos,

con una mugrienta chaqueta
abotonada hasta los ojos
y unos sucios zapatos
varias tallas más grandes
que exhibe poniendo los pies
sobre los asientos;

nos creemos mejores que ella
y con nuestras bonitas ropas
nos dirigimos hacia nuestros
trabajos de mierda
mientras ella parece feliz
bajo su capa de suciedad,
royendo un trozo 
de pan duro.