lunes, 29 de febrero de 2016

Versos embotellados


hace demasiado frío
para que esta pequeña estufa eléctrica
caliente el ambiente;

una película de mal argumento
agoniza en la profundidad 
del televisor;

la noche sin final acompaña
a ese libro que nunca 
consigues terminar;

la máquina de escribir
disfruta su jubilación
como objeto decorativo;

el reloj recordándote
cuanto tiempo hace
que no te disparan sexo a bocajarro;

pierdes la esperanza
de que alguien lea tus versos
observando agrietarse las paredes;

escribirlos se ha vuelve
un acto tan inútil como lanzar
mensajes embotellados al océano;

la muerte se pasa la lengua entre los dientes igual que un viejo saboreando un caramelo;

el orfidal hace efecto
apagando las luces como en el final
de todo buen espectáculo;

notas la efervescencia 
de los jugos gástricos
rebelarse en el estómago;

la última cena se escurre
por el recto buscando la luz
al final del túnel;

y de repente sucede,
como un molesto soplido en el oído
eres consciente de lo que pasa,
no sabes escribir bonito,
nunca has sabido,
no puedes crear poemas de amor
o de sentimientos estereotipados 
(aunque los intentes camuflar
 con lenguaje vulgar y 
 expresiones  callejeras,
 que ahora está tan de moda),
sólo sabes expresar la realidad
tal como la ves, sientes y piensas,
y éso no le interesa a nadie,
así que buenas noches Juan,
espero que esta vez
apuntes mejor al apoyar
el revolver contra la sien,
y no vaciles al apretar el gatillo.