jueves, 10 de marzo de 2016

Lanzando el anzuelo


miro a los ancianos
pescando en la playa,
me gusta observarlos ahí sentados,
estáticos, 
esperando que piquen los peces
sin esperar nada de la vida,
evitando regresar a casa 
y convivir con sus mujeres,
preguntándose qué fue de aquella
chica joven y guapa con la que se casaron,
odiándose a ellos mismos
por no seguir siendo el galán de smoking
con mirada dura y rebelde
que sale en todas sus fotos
de bodas;

vienen todas las tardes,
aguantan la lluvia y el frío, 
agitan sus cañas lanzando
hábilmente el anzuelo al agua,
sin apartar la vista
del horizonte;

no estoy ahí cuando anochece,
no puedo verlos recoger sus aparejos
y dirigirse a pequeños pasos
hacia sus casas,
donde no le darán ni un beso
a sus mujeres
después de pasar todo el día fuera,
y esperarán frente al televisor
con la mirada otra vez
perdida en el horizonte
a no morir durante la noche
para volver a la playa
por la mañana.