jueves, 17 de marzo de 2016

Otro manuscrito que se va a la mierda


ver morir
las gotas contra la ventana
sabiendo que mis zapatillas
no podrán evitar
que se mojen
mis pies de camino a casa
tras doce horas
en un curro de mierda;

esperar que alguna editorial
me mande un e-mail
riéndose del último manuscrito
que les envié
o que otra
me intente convencer
de los nuevos placeres de la autopublicación
(¿por qué no habrá gasolina suficiente?);

meterme en la cama
después de una ducha
tan insípida como la cena
e intentar dormir
otra noche
esperando ese reconocimiento
que dicen que tendré
algún día,
y dejar fermentar
la basura en mi cabeza.