domingo, 29 de mayo de 2016

Tu última nómina


y te sientas delante de un televisor
que escupe despiadado imágenes de violencia gratuita,
sostienes entre las manos
el impreso de tu última nómina
mientras piensas que los de la cola del paro
puede que estén peor,
reduces gastos en tu mente
eliminando necesidades de la lista de la compra
excusándote de que a lo mejor no son tan imprescindibles;

y sueñas;

sueñas con el día en que llegarás a ser uno de ellos,
con ese momento en que tus dedos teclearán 
la puta frase de oro que te sacará del anonimato,
con los recitales de poesía donde decenas
de adolescentes se arrancarán mentalmente la ropa interior
mientras se dejan seducir por algún verso tuyo prefabricado;

sueñas con la gloria de ver tus libros
en los escaparates de librerías y estanterías de centros comerciales,
con la firma de ejemplares en ferias literarias,
con editores que intentarán exprimir hasta la última gota
de un talento que has cultivado durante toda tu vida,
con los cochazos, las rayas de coca, con putas
de ropa interior cara y portadas de revistas
donde lucirán las escentricidades de un artistazo
rebelde y alcoholizado;

sueñas con tus manos sujetando la jodida nómina,
con el ruido del motor de la vieja nevera
enfriando a duras penas los restos de comida
con los que disimulas para esquivar el hambre
y con unas facturas que se cumulan 
en el interior de un buzón
que ya no te atreves a abrir por vergüenza.