domingo, 24 de julio de 2016

le sobraban demasiados kilos,
tenía los tobillos
hinchados,
carreteras interminables de varices
se cruzaban una y otra vez
entre ellas
a la altura de sus gemelos;

los muslos le rozaban uno contra otro
provocándole irritaciones
entre las piernas;

unas estrías
se le agarraban desesperádamente
a los costados del abdomen,
sus pechos colgaban
igual que dos bolsas relleneas
de gelatina puestas al sol
y la papada bajo su barbilla
hacía años que ocultaba
la forma de su cuello;

cubría todo su cuerpo
con un fino vestido de verano
dejando que el sudor
corriera libremente por todos los pliegues
de su piel;

pero era feliz
tirando de su carrito de la compra
lleno de alimentos poco saludables;

era feliz soportando el dolor
de sus rodillas castigadas
por el sobrepeso;

era feliz
más de lo que llegaremos a serlo nosotros nunca,
más de lo que jamás llegaremos a entender.