domingo, 17 de julio de 2016

DIARIO DE AGONÍAS - Cosecha 7, germinación



   En los momentos de desconexión siembra girasoles en su mente y los riega con esperma (nunca le quedó muy claro éso de las abejas y el polen), y mientras espera a que éstos agachen la cabeza  por vergüenza ajena, dibuja con los dedos círculos en la arena donde escribe pequeñas esquelas de las mariposas que no pudieron superar el verano y dejaron sus cadáveres marcando un camino de baldosas amarillas para quién quisiera encontrar a algún mago. Pero el no necesita magia, hace tiempo que descubrió que tenía demasiados pelos en los cojones como para ser princesa de cuento. Se queda zurziendo su traje de bufón con retales de propósitos de año nuevo que nunca se cumplieron (y es qué dejar de fumar, aprender inglés e ir al gimnasio dan para mucho).

  Desde hace algún tiempo las masturbaciones le saben insípidas, demasiado esfuerzo para no satisfacerse a si mismo, sus tensiones ya no se destensan en manos manchadas de semen, debe de ser por el tiempo (ése que hace qué nació y caduca por momentos), que tener un orgasmo decente se ha convertido en algo parecido a dispararle a un palillo con una escopeta de feria, demasiados perdigones malgastados para no poder ganar un peluche para tu chica.

  Guarda pedacitos de invierno en botellas que almacena orgulloso en la bodega (con algún "gran reserva" que es la envidia de las visitas), las tardes se alargan y sabe que la primavera viene llena de alergénicos e inhaladores en los bolsillos (los amores de verano siempre provocan urticaria) y después de la atrofia del calor, no le quedará otra que volver a pisar mariposas muertas.

   Siembra discretamente la necesidad de mirar a las nubes aunque sabe que no son nada por muchas formas que éstas tomen; siembra los dedos que  señalaban la dirección equivocada por la que nunca preguntaba, pues a ninguna parte se llega sin mucho esfuerzo y perdiéndose un poco siembra el temor escondido de no querer ser persona, siembra (y no sabe si tendrá esperma suficiente para regar todo ésto) las quinientas notas de suicidio que llamó versos y nadie quiso publicarle (ahora está de moda la poesía de amor encubierta), siembra con resignación la séptima cosecha que nunca germina.