martes, 12 de julio de 2016

DIARIO DE AGONÍAS - Crónica 2, una muerte anunciada



   Hoy he decidido cavar mi propia tumba para que sea el primer día del resto de vuestra puta vida, que a parte de mi cadáver la llenéis de lágrimas de ésas de cortar cebolla haciendo que os ha pillado por sorpresa una muerte anunciada, y una vez enterrado el muerto olvidar la pena y volver a vuestros desayunos con diamantes rodeados de escorpiones y buenas intenciones.
 Y es que cada día amanece distinto o demasiado poco, como si al sol le importará una mierda los que vivimos aquí abajo y se le olvidará por un día regar las plantas y lo único que le queda pasado los días es resignarse y barrer las flores secas, pero por favor,  que alguien le diga que no las deje en mi tumba, que con esas coronas que nadie a puesto ya tengo suficiente para descomponerme olvidado.
   Al despertar un día tendréis el fugaz recuerdo de aquel chico que siempre tenía una sonrisa en la cara y los ojos tristones, pero no recordaréis mi nombre ni haber asistido a mi entierro, fue tan simple éste y vuestra vida tan complicada, que casi tengo que agradeceros la asistencia y ese puñado de arena sacado de vuestros zapatos del último paseo que disteis por la playa sin que yo estuviera y arrojasteis a mi tumba (en serio ¿a nadie se le ocurrió  llevar flores?).

   Hoy he decidido vender mis pertenencias a precio de saldo en cualquier mercadillo mientras al resto de mí se lo comen las palomas (que en esta ciudad hay muchas y hoy en día las migas de pan ya no las tira ni Pulgarcito), será bonito mirar como todo lo que no quisisteis de mí se lo disputan gente en busca de sujetadores a granel o packs de tres calzoncillos, y al cobrarles les daré de cambio esa carta de suicido que entregué algún día a alguien que la confundió con la lista de la compra y me trajo cuchillas de afeita, una sobredosis de hipnóticos y una bala para mi cabeza reprochándome que si necesitaba algo más fuera yo a Carrefour y hiciera la compra del mes entera.

   Hoy es el día del silencio que nadie rompe, la sonrisa que todos fuerzan  y las palabras contadas en cualquier procesador de textos subrayando las faltas de ortografía  con líneas rojas. Es el día de buscar en el diccionario la definición de la palabra TERMINAL y encontrar una foto nuestra mirando esa película de miedo que tanto nos gustaba de niños  tapándonos los ojos cuando llegaba la parte de los besos. Es el día que grité mi muerte al viento y no la repitió ni el eco, de esa cita a ciegas en la que tú te vas al baño para que yo me mate y vuelves con la nariz bien empolvada contándoles a tus amigas por whatsaap lo capullo que era ese chico. Es ese día demasiado tarde para arrepentirse (incluso de esa operación  de fimosis cancelada o de los "te quieros" que nunca dije por creerme un tipo duro), el día de matar mis mariposas del estomago a base de navajazos en el abdomen mientras me susurráis al el oído que el sexo vendrá luego tachando párrafos con polvo de hadas de mi pequeña biografía.
Es el día de la segunda crónica de mi vida.