viernes, 22 de julio de 2016

DIARIO DE AGONÍAS - Esperanza 12, la red del cazamariposas



   Esparce las migas del desayuno por el suelo esperando que vengan a comer las palomas y algún que otro sueño que dejó escapar cuando todavía tenía los suficientes como para que le sobrasen, los espera con un cazamariposas detrás de la espalda con la esperanza de cazar alguno al vuelo, pero los sueños ya no se alimentan de pan duro, y desde hace algún tiempo le da asco tocar los bichos con la mano, así que se digna a observarlos mientras éstos se marchan volando pues los vacíos los asustan, demasiados ecos de pensamientos para un solo cuerpo, demasiado poco cuerpo para tanto vacío. 

   De pequeño alguien le dijo que si se mordía las uñas y se las tragaba le criarían gusanos en el estómago,  desde entonces se las come compulsivamente con la esperanza de que éstos se transformen en mariposas y saber que se siente al estar enamorado, pero lo único que consigue es dolor abdominal y excrementos con garras, y como supone que los "tequieros" no tienen ése aspecto, después de cada excreción se piensa seriamente lo de cambiar de dieta, pero al llegar la noche las erecciones se sienten demasiado solas y siempre termina con otro de sus anejos entre los dientes.

   Utiliza calcetines negros para que no se noten tanto los agujeros en su calzado oscuro, ("el mes que viene seguro que puedo comprarme otros") y es que caminar mucho destroza los zapatos, y los rincones de su casa son tan inexplorables que no hay suelas que lo resistan ni soñador que no quiera llegar más allá del horizonte, pero los sueños... los sueños ya no se comen el pan duro.

   Destripa los libros al leerlos, dice que si no llegas a sus entrañas de qué le sirve al escritor haber gastado tanto esfuerzo. Siempre puedes verlo buscando una luz que ilumine cualquier página cubierto de vísceras y letras (la sangre se la ahorra que mancha mucho y la tinta china va demasiado cara) y en pedacitos de papel robados de las esquinas de sus novelas favoritas va escribiendo con letra tartamuda la pequeña historia de su pequeña historia, con demasiados pocos personajes como para que el diálogo fluya, y aburrido de hablar consigo mismo guarda los retales con los detalles más sórdidos bajo la cama, donde el polvo y el olvido dan por terminado este diario y devoran (a la espera de pan duro) su decimosegunda esperanza.