sábado, 31 de diciembre de 2016

3º Brote psicótico

(El último chute)




  Termina el año. A la izquierda la voz de tu pareja susurrándote al oído un "te quiero", a la derecha la tuya propia preguntándote si aguantarás otro año más siendo el protagonista de esta eterna tragicomedia que es tu puta vida. Se cierra el telón, aplaudes desde el patio de butacas, también eres el único espectador, no te importa, ya tienes los pies al borde de la cornisa y notas el viento en la cara, pero tranquilo, así empiezan las buenas películas, por el final, para que la gente quiera saber que ha llevado al "prota" a estar en esa situación. Ojalá lo hubieras pensado antes, o de día, así habrías podido saltar sobre la gente que hace cola en la puerta de la oficina de desempleo y terminarían el año con algo interesante que contar. Pero es de noche, como en todas las escenas de suicidio de las películas antiguas; una copa de vino, una bañera llena de agua caliente y una bella actriz, de piel blanca y lágrimas de cocodrilo, simulando cortarse las venas. Pero la actriz, como los grandes clásicos, nunca muere, y la volverás a ver una y otra vez en otras películas interpretando a distintos personajes, pero tú sólo conseguiste un mísero papel en esta función de escaso guión.
   Termina el año. Unas felicitaciones por el facebook, algunos besos en la mejilla de cualquier conocido, una canción de "Th'Legendary Shack'Shakers" que se repite en tu cabeza una y otra vez, esas llamadas telefónicas que no le hiciste a tu madre a tiempo y unos cuantos botes de conservas en la estantería de la despensa que se pasaron de fecha, hace ya algunos años, esperando que llegará de una vez por todas un "Holocausto zombie" para que la vida de los demás se asemejase un poco más a la tuya (pero sin desearle mal a nadie, tan sólo algún tiro en la cabeza, pero por pura supervivencia).
   Termina el año. Escribes una lista de propósitos y buenas intenciones. Las "Converse" demasiado rotas; escritos mugrosos publicados en un blog cualquiera, millones de poesías, manifestándose en forma de vidas agenas, creando laberínticos cruces de caminos donde poder perderse y no ser alguien (o ser nadie o como coño se diga); doce gotas de cianuro, una por cada campanada, esperando dentro de una lujosa copa de cristal de Bohemia a que brindes con ellas junto con ese preservativo que falleció de viejo en la cartera de tu "yo adolescente". 
   Termina el año. El reflejo del espejo te introduce en el vórtice de tu propia pupila. No hay letras suficientes para plasmar en un papel todos tus pensamientos. Es un mundo de mierda en el interior de una vida de mierda. Un reproche porque "te atreves a llamarlo poesía"; noches en vela, todas ellas "las últimas del año" a su manera y libros, todos los que leíste, los que se te quedaron sin leer, los que nunca escribirás o los que publicaste y pasaron sin pena ni gloria por un mundo con más escritores que lectores. Chutátelos todos, poemarios, biografías, cuentos y leyendas. Chutátelos todos, en vena o directamente al cerebro, sin compasión, los autores que te salvaron de un suicido o los que te mantuvieron a salvo entre cuatro paredes y un mundo de letras. No eres nada, los libros que leíste, los poemas que alguna vez has escrito, las cartas de rechazo o las editoriales que soñaron con enriquecerse con las obras que jamás vendiste porque no le interesaron a nadie. Pero chútate esos libros, sí, directos a la cabeza o infíltratelos en esa articulación que te está jodiendo desde hace meses. Tan sólo un chute, la adicción llegó en el mismo instante en que abriste la primera portada y clavaste la mirada en las primeras letras impresas, así que no te atrevas a echarle la culpa a la pobre aguja.

   Termina el año. Soledad y telebasura. Alcohol para tumbar a un elefante y una sonrisa grapada a la cara. Deja de dudarlo, no te hagas de rogar, después del último libro vendrá otro, y otro, y otro, y las ganas de suicidarse, y terminará otro año el año que viene. Métete ese chute, tendrás todo un año para eyacular, odiarte a ti mismo y soñar con la exterminación mundial (o con la tuya propia) pero sólo esta noche para leer lo que no hayas leído antes de que termine el año, porque, no sé si te lo he dicho ya, pero "termina el año".